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1. Porque existe Internet.

Desde el momento en que esta útil herramienta cambió la forma en que manejamos la información, me cuesta pensar en una buena razón para exigirle al profesor que sepa todo sobre todo en todo momento si, a un click de distancia puedo acceder a cualquier contenido cuando yo quiera.

2. Porque el profesor es un ser humano.

Como ser humano antes que cualquier cosa, un profesor puede entregar mucho más que volúmenes de información curricularmente relevante. Antes que asumir que el profesor será una enciclopedia, prefiero pensar que con su ayuda logrará incentivar a niños y adolescentes a ser personas en el amplio sentido de la palabra.

3. Porque el cerebro no solo sirve para almacenar información.

El cerebro humano posee capacidades sorprendentes como hacernos diferenciar la realidad de la fantasía, reflexionar sobre nuestra existencia, reconocer y asociar elementos de nuestro entorno, divertirnos, etc. Por lo que quitar valor a ellas enfocándose en el poder de la memoria no sólo resulta algo reduccionista sino errado. Lo mismo pasa con en el cerebro de los profesores. Ellos y ellas pueden hacer mucho más que entregar contenidos.

4. Porque la memorización por sí misma ya no impresiona a nadie.

En la edad media resultaba sorprendente poder oir a un hombre recitar un poema de 1500 palabras alojado en su mente sin errores de reproducción. En aquel periodo, el acceso a libros era escaso así como también los recusos para ir en búsqueda de contenidos por lo que memorizar estos era no sólo útil sino una especie de estrategia de sobrevivencia intelectual. Hoy, seria curioso decir que necesitamos que el profesor sepa todo de memoria si podemos acceder a todos los contenidos en un solo click.

5. Para poder discutir en grupo.

Más allá de repetir ideas escritas en libros o de asegurar la comprensión de conceptos a través de la memorización de estos, existen interesantes formas de hacer algo con esos contenidos. La discusión grupal no es sólo una instancia de comunicación y reflexión en las salas de clases sino una forma eficaz de construir aprendizaje real. Esto, debido a que las conexiones neuronales que tanto la reflexión como el constante cuestionamiento logran construir serán las que fortalezcan el aprendizaje a final de cuentas.

6. Para hacer más preguntas.

Cuestionarse y reflexionar es fundamental para aprender. Lejos de reducir las instancias de aprendizaje a asegurarnos de que los estudiantes manejan un pool de información, podriamos hacer más preguntas cada día generando así una modalidad de trabajo en que la reflexión no sea el objetivo final de la clase sino la base para construir nuevas ideas.

7. Para construir ideas y cambiar un poco el mundo.

Porque ¿qué otra cosa busca una persona que opta por educar? Porque en el fondo del corazón, todos los profesores queremos cambiar el mundo.

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